Feminismo, un arma de destrucción masiva.

Hablar de feminismo sin herir sensibilidades es un trabajo de chinos.

En la huelga del 8 de marzo se vio de todo: apoyo activo, apoyo pasivo, detractores, detractoras, no sabe no contesta, feminazis con metralletas, feministas depiladas y bien educadas, machistas afeminados… en la diversidad está la riqueza, dicen.

Ahí vamos todos, como en el Arca de Noé, uno de cada especie, soltando nuestras más innecesarias que humildes opiniones. Sin desmerecer ninguna y desmereciéndolas todas, y es que, a veces, parece un verdadero acto de fe que algo tan simple como reclamar la igualdad sea una voz unánime. Aunque si se piensa en frío, algunas voces discordantes tienen razón, resulta poco coherente e incluso bochornoso, estar reclamando todavía hoy, unos derechos tan básicos que parecen salidos del S.XIX y servidos directamente en su mesa. ¿Le gustan al punto o poco hechos?

Como se ha visto, una masa ingente de personas rechazaría este menú por razones tan nobles y dispares como intolerancia al gluten, falta de fundamento o alergia a la palabra “feminismo”. Y es que, hablar de feminismo sin herir sensibilidades es un trabajo de chinos, hablando rápido y mal. La reacción que algunos machos y hembras tienen cuando la palabra en sí o alguno de sus derivados entra por su aurícula, se desliza por el tímpano y llega a su cerebro, es cuanto menos, química.

El feminismo ha sido tan manoseado y vilipendiado a lo largo de los años que se ha deformado su significado por completo, hasta llegar a tal punto que parece que hablar abiertamente sobre él enrarece el ambiente, levanta ampollas y alguna que otra voz en un debate presumiblemente acalorado. Muy injustamente, las connotaciones negativas se le han posado encima como parásitos inmunes a cualquier tipo de exterminio.

En la actualidad una gran parte (no representativa) de la población asocia la innombrable palabra a “radicalismo”, a “lo mismo que el machismo pero a la inversa”, a “mujeres comiéndose la cabeza de los hombres después del apareamiento”, a “el aumento del agujero de la capa de ozono”… 1, 2, 3, responda otra vez.

Hagamos un salto secular hasta el primer párrafo para dirigirnos de nuevo a ti querid@ detractor, detractora, no sabe no contesta, feminazi con metralleta, feminista depilada y bien educada, machista afeminado entre otr@s… el feminismo no es un arma de destrucción masiva, tampoco portador de terribles calamidades, ni creador de odio.
Pregúntate, ¿crees en la igualdad social, política y económica entre los diferentes géneros? Si la respuesta es sí, enhorabuena, eres feminista. El resto es pura parafernalia.

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