Made in China.

Por lo general, las noticias con denominación de origen chino suelen causar más expectación de lo habitual. Se les atribuye un plus de espectacularidad y excentricismo totalmente justificado en el 90% de los casos. Desde la polémica suscitada por la genial idea de la cadena de restaurantes Trendy Shrimp, que ofrecía descuentos directamente proporcionales al tamaño de los pechos. Un concepto brillante de no ser por la letra pequeña, que arrojó luz sobre un claro caso de discriminación de género, ya que los pechos masculinos no eran bienvenidos por voluptuosos que fueran. Hasta el bloqueo del Whatsapp que muchos malpensados achacan al hecho de estar cifrado y por tanto, de impedir al gobierno realizar un acto tan sano, patriótico y cotidiano como es ojear conversaciones ajenas.

No es que el resto de países sean éticamente más sostenibles (con sostenerse ya tienen bastante), pero hay que reconocer que, salvo excepciones, no suscitan el mismo interés. China se ha labrado cierta reputación por su singularidad. Y es que, una de las últimas informaciones ha sido la reciente creación de un Gran Hermano pero a escala real, a lo grande, no como en España.
Unas 20 millones de sofisticadas cámaras equipadas con inteligencia artificial deambulan por las calles con total impunidad y libertad de movimiento, captando a todas las personas y automóviles que se encuentran a su paso, sin tener en cuenta los derechos de autor, ni el copyright, ni la política de privacidad…  Pero es el programa de vigilancia más avanzado del mundo.

El sistema está conectado a la base de datos policial del país y se basa en el reconocimiento facial y el machine learning. Sin entrar en materia más profunda, quiere decir que cualquier persona con antecedentes o sin ellos, puede ser encontrada en cuestión de segundos con solo introducir una fotografía. Como la app “encuentra mi iPhone” pero con personas.

El vídeo muestra la complejidad de esta sofisticada tecnología y la facilidad con la que se le priva al ciudadano de su libertad, sin ni siquiera haber sido preguntado a través de un referéndum, por ejemplo. Como en todo país democrático.

Tras ver el elaborado método de espionaje cuyo eufemismo podría ser “salvaguardar la seguridad nacional y por tanto la del ciudadano”, es inevitable que el pensamiento primario recaiga en la acertada predicción de George Orwell en 1984, lo que es más difícil de predecir es dónde está la salida. Importante incógnita a despejar porque, aunque todavía se pueda ver con cierta distancia, no hay que olvidar que China es el mayor exportador del mundo. Probablemente, antes de darte cuenta, podrán saber si eres el incívico que no recoge la defecación de su mascota en plena acera o si eres el terrorista ambiental que tira toda la basura al mismo contenedor.

Hace unos años sería impensable decir esto, pero el entorno socio-político actual, hace que sea hasta coherente, desear que en España Gran Hermano siga a escala televisiva durante al menos, mucho, mucho tiempo más. Cualquier cosa con tal de evitar que la libertad quede reducida a un añorado sueño de juventud.

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