Noticias de usar y tirar.

¿Nos informamos a golpe de tuit por la velocidad a la que vivimos o simplemente por vagancia?

Tan solo 20 años atrás los periódicos salían de imprenta rebosantes de letras, con la publicidad justa y con gran cantidad de hojas cargadas de información. Si los contrastamos con los de hoy, salvando el dominical, la diferencia es bastante obvia.

Desde que las nuevas tecnologías han colonizado nuestras vidas casi tan rápido como el liberalismo económico lo ha hecho con los mercados, la calidad ya no es la misma. Las cifras y los porcentajes mandan y el nivel informativo deberíamos decir que también, por ser comedidamente correctos. Y no es que se ponga en duda su veracidad, ése es otro tema. Pero sí el cómo se transmite, la superficialidad y la fugacidad del mensaje.

Estamos siendo testigos de un cambio informativo que ya no es que se adapte a la evolución del entorno, algo imprescindible, sino que sospechamos que también se adapta a la incultura y/o vagancia de una gran parte de los lectores. Es una afirmación arriesgada y bajo la que no se debe englobar a todos, solo a un sector no minoritario y que tiene sus raíces en los llamados “Millennials”. Generación que ha nacido prácticamente con una tablet o móvil bajo el brazo y que con la gran cantidad de flujos informativos que circulan por la red, son prácticamente incapaces de prestar más de 15 minutos atención a una sola página o noticia. Este comportamiento ha hecho cambiar la estrategia a los medios de comunicación con el objetivo de captar su atención. Una de las soluciones que hemos visto hasta la fecha, ha sido copiar el formato de los vídeos virales que tanto triunfan en la red. Entrar en Facebook y ver un vídeo morboso, explicativo, sencillo y con los titulares más impactantes mostrando imágenes a la altura, a modo de tráiler de película de cine, es hoy un hecho. No roba más de 30 segundos e informa de algún hecho noticioso en su mayoría morboso y banal. Así de fácil, rápido y peligroso.

Fuente: La Vanguardia

Da vértigo ver que éste sea el camino para fidelizar a los nuevos lectores carentes de una rutina informativa diaria. Levantarse y tener el periódico entre las manos mientras se toma el desayuno, es una práctica en peligro de extinción a pesar de ser tan necesaria como el lavarse la cara antes de salir a la calle.

Quizá el panorama no sea tan apocalíptico, las nuevas generaciones también lo hacen, pero durante el recorrido en autobús, andando por la calle, haciendo cola en el súper… y entre distracción e interrupción vía Whatsapp, Facebook, Twitter, Instagram…

Parece claro que los medios deben adaptarse a los cambios, pero ¿hasta qué punto? ¿Cuál es la línea que separa el informarnos a golpe de tuit o vídeo debido a un ritmo frenético, al de hacerlo simplemente por vagancia o falta de disciplina y focalización?

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